Una vez existió una chica.
Una chica que no veía la vida negra, ni blanca, si no de todos los colores conocidos.
Ella siempre había sido una chica feliz, y así fué hasta que cumplió cierta edad.
Era una chica lista, una chica que sabía casi cualquier pregunta que podían hacerle.
No tenía problemas en la escuela, tenía amigos, tenía gente a su lado.
Era una chica que siempre aprendía las cosas por si sola sin ayuda de nadie y rechazaba la ayuda que los demás podían ofrecerle por que decía, que quería aprender de sus propios errores.
Para así aprender las concecuencias que puedan traer sus decisiones por si misma.
Pero una vez, un día muy triste en que las nubes cubrían totalmente el cielo, la lluvia comenzó a caer fuertemente sobre la chica hacíendo que todas sus lagrimas se mezclaran con ella.
La chica suplicaba con todas sus fuerzas olvidar algo, algo que sabía que le hacía mucho daño, algo que le haría el resto de su vida totalmente horrible.
Ella no sabía que pronto, cuando la lluvia se llevara sus ultimas lagrimas, estas dejarían de doler para así llevarse todos los recuerdos, los buenos y los malos.
Pocos de sus amigos siguieron allí, pocos de sus recuerdos la acompañaron pero ella era feliz con lo poco que tenía.
No necesitaba recuerdos, no necesitaba seguir sacando buenas notas ni ser la chica más lista de la clase.
Le bastaba con saber que ellos estaban allí, queriéndola y cuidandola como siempre habían echo.
Aunque la chica lo había sabido todo... en realidad.... no habia nada que ahora quisiera saber.
Ella es feliz siendo la chica que es, sin importar los recuerdos que pueda tener.

